El 2 de junio de 2010, el venezolano Armando Galarraga fue perfecto. No ante los ojos del umpire Jim Joyce ni de la oficina de Grandes Ligas, pero sí para el resto del mundo del baseball.

A Joyce le tomó menos de 24 horas darse cuenta de su error. Galarraga ha esperado casi una década esperando a que Grandes Ligas entre en razón y asegura que ya es hora.

A pesar de que siempre se ha expresado con clase en torno a una pifia que mantiene su nombre fuera de los libros de historia, el exlanzador de los Detroit Tigers admitió en una entrevista publicada el martes por The Athletic que le gustaría que Grandes Ligas recapacitara y oficializara su hazaña como el 24to juego perfecto en los anales de Grandes Ligas.

“¿Por qué no? ¿Por qué esperar tanto tiempo? No quiero morir y que entonces digan, ‘¿saben qué? Lanzó un juego perfecto’”, declaró el venezolano, quien también militó en la Liga Mexicana de Beisbol.

Galarraga tiene razón, lanzó un juego perfecto. Simplemente uno que no ha sido reconocido y, a pesar de su amable solicitud, difícilmente lo será.

Aquella tarde de junio, el derecho retiró a los primeros 26 bateadores de los Cleveland Indians que enfrentó. Viendo fijamente a la historia a los ojos, Galarraga dominó a Jason Donald con un rodado flojo a la primera base. Miguel Cabrera fildeó limpiamente el roletazo y habilitó a Galarraga que venció por medio paso a Donald en su camino al primer cojín. Y entonces… ¡Safe! Fue el cobro de Joyce.

La incredulidad se extendió a la velocidad del sonido por Comerica Park. El rostro boquiabierto de Galarraga y los ademanes desesperados de Cabrera fueron solo el primer ejemplo. Se había hecho historia, no de la buena.

El venezolano, de alguna manera, se recompuso lo suficiente para volver al centro del diamante y dominar a Trevor Crowe con otro roletazo y completar la blanqueada de un hit más perfecta que se haya visto en el Rey de los Deportes.

Galarraga tuvo la mala suerte de lanzar su joya, la única blanqueada de su carrera, en 2010 y no cuatro años después, cuando finalmente se implementó el sistema de repetición instantánea que le hubiera preservado su lugar en los libros de historia.

Al final del partido Joyce admitió su error, al día siguiente cuando fue umpire principal en el último juego de la serie rompió en llanto minutos antes de cantar el “Playball”, y desde entonces el ahora jubilado umpire ha presentado solicitudes formales ante la oficina de MLB para que enmiende la pifia que él cometió sobre el diamante y le devuelva a Galarraga un lugar que le pertenece por derecho dentro de la historia.

No funcionó, como posiblemente tampoco funcionarán esta nueva solicitud del venezolano y el 10 de junio de 2010 seguirá siendo recordado como el día en que la perfección fue imperfecta.

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